miércoles, 28 de noviembre de 2007

Ropa fashion para gorditos:

Cero rollos

Hace siete años que en Patronato se desarrolla fuertemente el comercio de la ropa XXXL. Ya son alrededor de seis las principales tiendas que ofrecen una solución real para los más “rellenitos”: desde la talla 50 hasta la 100 de pantalón, y desde la XL hasta la 7XL en poleras. Varios famosos han sido los pioneros y hasta son rostros de las tiendas, como Patricia Maldonado y Gonzalo Cáceres por ejemplo, mientras que otros son silenciosos clientes. Sin pudores ni tapujos, hoy los más gordos de la casa pueden estar a la moda sin rollo alguno.


Jacqueline Mancilla es dueña de casa y vive en Recoleta. Su cabello rojizo y su radiante sonrisa llaman la atención. La describen como una mujer alegre y “buena para la talla”. Sin embargo, la característica con la que más la identifican es, paradójicamente, la que menos le gusta: su sobre peso. A sus 36 años mide 1.78 y pesa 191 Kg. Es parte del 65,3% de la población chilena con obesidad.
“Jacqui”, como la conocen sus amigos, era una de las fieles clientas de la tienda “Creaciones Soledad”, ubicada en la galería “Paseo Recoleta” de Patronato. Esto, hasta que entró al programa de canal 13 “Cuestión de peso” y no ha vuelto hace meses.
Jennifer Novoa trabaja en la tienda hace casi dos años. Recuerda a “Jacqui” como la típica clienta: una mujer simpática y de baja autoestima. Pero de gran carácter. Se llevaba lo primero que le quedaba bien sin hacerse problemas si estaba fuera de moda. “Y es así en la mayoría de los casos”, comenta Jennifer. Jacqui ya ha bajado más de 20 kg.
La vendedora está contenta de formar parte de “la tienda de gorditos más top de Patronato”, como la denomina ella. El local no pasa inadvertido: en el frontis hay una foto que resalta: es Gonzalo Cáceres junto a la dueña del local. Para Jennifer eso es un plus, pues gracias a la amistad de su jefa con Cáceres, muchos han llegado a comprar. Incluso, hay quienes piensan que él es el dueño, cosa que no es desmentida por el personal, ya que no quieren perder ese gancho.
Pero la imagen de Gonzalo Cáceres no es la única conocida. Su competencia es el local de Patricia Maldonado. Esta vez ella sí es la dueña. Venden ropa a la moda en tallas grandes que van a la medida de cada persona, sin importar su peso. Eso sí, en la mayoría de estas tiendas, los precios son altos; Un bluzón para mujer que pesa desde 80 Kg hacia delante, no cuesta menos de $16.990. Y si se le quiere agregar un pantalón, se deben invertir en total no menos de $45.000 aprox.
Una vendedora de la tienda de Maldonado, recuerda el episodio más triste que le ha tocado ver desde que trabaja allí. “Una vez, vino una mujer tan gorda que no cabía por la puerta y tuvimos que atenderla afuera”. La clienta se puso muy nerviosa y se fue de inmediato. Las vendedoras tuvieron que seguirla hasta su auto y consolarla, para luego ofrecerle una solución al problema: “le tuvimos que llevar ropa para que se la probara adentro del auto”.

“¡Eh, gordito!, ¿buscas ropa bonita, moderna y que sea nacional?, nosotros fabricamos hasta la talla 100”. Así, Jennifer y Jazmín, dos mujeres de corpulentos cuerpos, reparten volantes de otra tienda en calle Patronato. Llaman a los transeúntes a visitar el local, el cual es atendido sólo por mujeres “rellenitas”, y en donde la decoración las invita a sentirse muy cómodas con fotos y cuadros de mujeres robustas, además de camarines bastante amplios.

lunes, 26 de noviembre de 2007


Gritan, bailan, e incluso cantan para capturar clientela:

El éxito no tiene precio

A pasos de La Vega Central y del centro de Santiago, se ubica un singular sector que de a poco se ha transformado en parte de nuestra idiosincrasia: el Barrio Patronato. Famoso por sus ofertas textiles, y gran variedad de tiendas a disposición de cualquiera que busca un buen vestir a un cómodo precio. Sin embargo, pocos conocen la ardua competencia que deben enfrentar día a día los comerciantes.


La maratón.
“¡Arriba!, ¡vienen los pacos!” Así, uno a uno, los vendedores se paran y salen disparados a esconderse en alguna de las calles del sector. Corren la voz a sus colegas vecinos y cada cual escapa lo más rápido posible. Uno de ellos, ante el aviso, camina como si fuera un transeúnte cualquiera y hace como si mirara la vitrina de un local chino. Tiene un amigo que trabaja en la tienda de en frente. Le deja sus bolsas de mercadería para que las cuide hasta su regreso, para cuando los “pacos” se hayan ido a la siguiente cuadra.
Y así es todos los días para los comerciantes ambulantes. Entre gestos y gritos, cada cual compite por vender la mayor cantidad de especies en medio de la calle: la última moda en vestidos, poleras, pañuelos, lentes de sol, perfumes, e incluso, los últimos estrenos en libros.

Adelante, ¡pase!
Calles angostas y mal pavimentadas. Cientos de tiendas repartidas a lo largo de ellas, junto con los llamativos carteles que anuncian ofertas y descuentos. Muchas dicen “ventas al por mayor”, y más de alguna tiene un escultural maniquí con la última moda afuera del local. Es el lugar de encuentro de muchos negociantes que van a comprar mercadería en grandes cantidades, para luego venderla y lograr mayores ganancias.
Los vendedores tratan de persuadir a gritos a los clientes: “¡Lleve la última moda!”, “sólo por hoy”, “oferta única”, “liquidamos toda la ropa”, son las frases más recurrentes para enganchar a los transeúntes, los que tratan de encontrar los mejores precios y bonitos diseños. Es el punto de encuentro de todos los sectores de Santiago. La famosa “picada” para la industria textil. También llamado “el sector de las tres B” (bueno, bonito y barato)

¡Yo lo vi primero!
Entre la multitud es posible hallar rostros de todo tipo. Padres cansados que batallan por que sus hijas logren comprar lo que buscan, jóvenes eufóricos que se empinan a tomar las últimas prendas de los canastos de ofertas. Señoras de edad, que tratando de caminar lento a pesar de los empujones de la gente, buscan modelos algo más recatados; mujeres con sobrepeso que buscan tallas XXXL, que sólo encuentran en el barrio Patronato. Incluso, madres que llevan a sus bebés de menos de dos años para comprarles sus primeras vestimentas son parte del escenario.
Es una guerra en la que gana el más hábil. Puede que se compre una prenda en un local, y luego de dar una vuelta a la manzana encuentre la misma en otro local, pero aún más barata. Y es que se repiten mucho las ofertas y los modelos. Lo que a veces va variando es la calidad de las telas y los colores.


¿Quién manda a quién?
Avanzando entre los rincones del barrio, podemos imaginarnos que estamos en tres países distintos; estamos seguros de estar en Chile y hasta escuchamos los gritos de nuestros compatriotas, pero si uno se aleja un poco más, se encuentra con tiendas y restaurantes ambientados al estilo Asiático. Rostros con los ojos achinados se esconden detrás de los mesones de perfumadas tiendas, las cuales tienen a la venta principalmente ropa y accesorios, mientras que los restaurantes proveen a los transeúntes de comida típica china.
“Abu el Rem”, es el principal local de comida árabe. Su especialidad: el Shawarma. Una especie de pan pita con carne adentro, salsas y verduras más un acompañamiento a elección. Tiene gran demanda y sus clientes afirman que tienen muy buenos precios. Además, también ofrecen comida casera para los que no gustan de la cocina internacional.
Es así como chilenos, árabes, coreanos y chinos, conviven en este barrio. Se disputan la clientela y buscan todo tipo de estrategia para vender más. Los extranjeros se van adecuando a nuestro idioma de una forma más silenciosa, pues se reservan los gritos y cánticos que llaman a la muchedumbre, mientras que chilenos y árabes se disputan las mejores ofertas y público a toda costa. Después de todo, el éxito no tiene precio.